post-title Vizana https://elfaroastorgano.com/wp-content/uploads/2021/06/MAR-CO-A.-MACIA.png 2022-09-16 17:14:34 yes no Publicado por Categorías: Opinión

M. A. Macía – Pasando el puerto
Si hoy los septiembres tienen color grisáceo por volver al trabajo y retomar las rutinas, hace años, en cambio, septiembre vestía a la ciudad de una alegría polvorienta y de novedad. En Astorga se mezclaban balidos, silbidos y bullicio de gentes que bajaban de los pastos de Babia por la cañada Vizana camino de Trujillo, en Extremadura. El tráfico trashumante se notaba en la ciudad. Por las fincas de El Chapín, las praderías próximas al Tuerto o donde pillase la noche se extendían campamentos de palos y pieles, cercas improvisadas para guardar al ganado y algún fuego donde calentar sopas. Tendejones a modo de majadas. Eran pastores en ruta de bajada, con queso en el morral y recuerdos del verano en la mirada. Astorga era parada obligatoria tras la anterior de Ferreras. La última población importante hasta perderse más allá de Benavente, después de cruzar el puente que da nombre a la cañada. Dejarían el rastro redondo y de oscuro cacahuete que es costumbre en las ovejas. Bastante más respetuoso que el sembradero de basura que dejaron los jabalíes en la plaza tras las fiestas. Y eso que ni eran pastores, ni animales trashumantes, sino custodios de años de escolarización con bárbaras costumbres que han logrado que echemos de menos a las ovejas.